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La ética y la clonación no reproductiva

Escocia, 1997. La clonación adquiere revuelo con el nacimiento de Dolly. En adelante esta técnica ha dado todo un vuelco y ahora se le ha encontrado otras utilidades como aplicarla con fines terapéuticos, situación ésta que ya es legal en Gran Bretaña.

Dicen los científicos que la clonación terapéutica serviría para estudiar y curar enfermedades degenerativas (parkinson), endocrinológicas (diabetes), hereditarias (hemofilia) y otros casos. Consiste en obtener células de un paciente -enfermo necesitado de un trasplante- para crear un embrión clonado a fin de conseguir tejidos destinados a implantes. Éstos se pueden trasplantar sin rechazo inmunológico, ya que son genéticamente idénticos y por tanto compatibles. El embrión no se implanta en una mujer sino que es utilizado in vitro para obtener sus células madre a fin de cultivarlas y cosechar los productos biológicos necesarios. Para ello se extrae el núcleo de un óvulo sin fecundar (enucleación) y vaciado se le introduce el núcleo (transnucleación) de una célula del paciente que recibirá el implante. La carga genética del embrión producido y la del receptor será idéntica, es decir clónica.

Técnicamente es innegable que esta forma de clonación facilita la investigación de nuevas terapias. Podrían obtenerse células, tejidos y por que no órganos. ¿Pero es ético y lícito? ¿Acaso no hay medios alternativos para la obtención de células madre? Los embriones clonados se convierten en piezas de recambio, en repuestos, fabricados a medida del cliente-paciente para alargar su esperanza de vida. Ya no son un fin en sí mismas sino un medio para otros, lo que desconoce el principio de que el hombre no es manipulable para fin alguno, ni siquiera para fines terapéuticos por más beneficiosos que éstos sean.

Quienes alegan la legitimidad de la paraclonación, como también se la conoce, parten del hecho de que al no existir fecundación sino una transferencia nuclear la célula creada no merece protección jurídica, sin embargo el tema no es tan simple pues técnicamente se puede generar vida sin necesidad de fecundación, ya que todas nuestras células nucleadas tienen capacidad de crear vida de allí que esto ya no sea una función exclusiva de los gametos, por lo que no habría diferenciación entre el denominado embrión somático y el embrión gamético.

Es de apreciarse que no hay unanimidad de criterios científicos y esto repercute en el derecho. Por un lado, se dice legalmente que "no existe ninguna diferencia entre la clonación con fines terapéuticos y aquella con fines reproductivos" ambas deben ser prohibidas, mientras que desde la óptica científica se alega que son "cosas completamente distintas", por lo que no puede impedirse.

El derecho comparado es unánime tanto en prohibir la clonación como en sancionar como delito el hecho de realizar fecundaciones sin fines reproductivos. Sin embargo, ningún texto legal prohíbe expresamente la clonación no reproductiva. Pero si reflexionamos que la transferencia nuclear es generar vida con su propio programa genético podemos intuir su ilicitud. Podríamos decir que este tipo de clonación sería lícita siempre que la transferencia nuclear no desencadene el proceso vital pero el problema está en cómo evitar ello.

Algunos especialistas han dicho que la paraclonación es un canibalismo tecnológico basados en que no se puede aceptar la realización de una fecundación con un fin distinto a la procreación y ello es totalmente aplicable a esta técnica puesto que se induce un proceso de desarrollo embrional con el único fin de extraer su material biológico: Clono sólo para curar. El problema real es que el embrión clonado será exprimido en su contenido con un inevitable fin, su destrucción. Contraria a todo principio bioético esta técnica se suma al aborto y a la eutanasia como un atentado más contra la vida. Crear una vida para experimentar, para establecer cultivos celulares, conlleva a la más absoluta denigración y, más aún a la indefectible destrucción. Aún con fines de utilización terapéutica la clonación constituye un atentado contra la dignidad.

Una nueva vida para salvar otra. Un sacrificio real por un probable beneficio.

Aferrémonos a nuestros principios pero no a nuestra conveniencia. (*) Representante del Perú ante el Comité Intergubernamental de Bioética de la Unesco.

 

 

ENRIQUE VARSI ROSPIGLIOSI (*)

 

 

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